Las dos eran demasiado cabezotas como para pedirse perdón. Se habían dicho cosas muy fuertes. Me quedé dormida.
-Eh... Miriam... -dijo Harry entrando por la puerta. Al verme dormida se sentó en la cama. Me miraba y sonreía.
-Es mona hasta dormida.
Al despertarme una hora después vi a Harry sentado en mi cama con la tele puesta. Me levanté sin que se diera cuenta y le abracé por la espalda.
-¡Hola feo!
-Ya te has despertado. ¿Dormiste bien?
-¡Si! Me despejé de todo lo que me pasó hoy.
-¿Y que te paso?
-Ah, nada. Cosas.
-Bueno, pues me alegro. -Se giró y me miró.
-¡No, cosquillas no!
-¡Pues te aplasto! -se tiró encima mía.
-¿Que mierda haces? -dije entre risas.
-Aplastarte. No saldrás de aquí nunca.
Pasé mis brazos alrededor de su cuello.
-¿Seguro? Si no salgo, no hay cine.
-Va-vale. Te dejo salir.- se levantó de encima mía.
-¡Bien! -me levanté. Ahora fuera, que me voy a vestir.
-No tardes.
-Vaaaaaale.
Abrí el armario y me puse una camiseta rosa flúor y unos pantalones blancos. Cogí un collar de un bigote y le llevé en la mano. Salí al pasillo y allí estaba Harry esperando.
-Harry, Harry, Harry, Harry...
-¿Que quieres?
-Ponme el collar, porfiiii.
-Vale. -cogió el collar. Se puso detrás mia y lo abrochó.
-Gracias. Corre, vístete.
Harry entró en la habitación. Mientras, fui a peinarme. Me hice una coleta alta. Al salir por la puerta del baño, me tropecé. Por suerte, Harry salía por mi habitación, que estaba en frente. Caí en sus brazos.
-¿Estas bien, patosa?
-Sí... -Dije mirando sus ojos.- Gracias por... Evitar que me fostiara.
-De nada. -Dijo sonriendo. Me quedé mirándole.- Eh...
-¡Ay, perdona! -Me aparté de sus brazos.
-Nada. ¿Nos vamos ya?
-Espera. -Me puse de puntillas para alcanzar el pelo de Harry. Le agité un poco los rizos.- Ahora.
-Jajajaja. Pues venga.
Bajamos por las escaleras, nos despedimos de Anne, de mi madre y de mi hermano, y salimos por la puerta.
-Parece que ya se llevan mejor, ¿no? -Dijo mi madre.
-Sí. Me encanta verles así. -Dijo Anne.
-Pues yo creo que se gustan. -Dijo mi hermano.
A pesar de tener diez años, no era tonto.
Harry y yo andábamos dándonos empujones.
-Ay. Dios que me matas, gordo.
-Te vas a cagar. Yo estoy flaquito.
Me cogió por la cintura y me levantó apoyándome en su hombro.
-¿Que haces? ¡Bajame tonto!
-No quiero. Te quedas aquí. -Empecé a patalear.- ¡Ay! Bruta. -Me bajó.
-Oh, por fin. -Sonreí.
Seguimos andando hasta llegar al cine. Allí compramos palomitas y dos refrescos. Entramos dentro de la sala en la que veríamos la película. Empezamos a verla.
-No se que hago viendo esto. Con lo cagada que soy yo... ¡Iiihhh! -Cerré los ojos. -¡Puto retrasado! ¡Si entras ahí te mata!
-Já, yo te abrazo. -Me pasó su brazo por detras de mi hombro.- ¿Mejor?
-Sí, mucho. -Me puse roja.- ¡Joder! ¿Ves? ¡Ya se le ha cargado! ¡Si es que para que entra ahí!
-No se puede ver una película de miedo contigo, eh.
-No haberme traído.
-Nah, me lo estoy pasando genial. -Dijo.
Apoyé mi cabeza en su hombro sin darme cuenta.
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