Me desperte por la mañana como cualquier lunes por la mañana: como una zombie. Me puse de pie y me acerqué al armario a por una camiseta y unos pantalones. Me fui al baño y me recogí mi larga melena, rizada y negra. Luego salí haciendo un esfuerzo increíble para mostrarme agradable ante los invitados. Bajé por las escaleras hacia la cocina.
-Hola, Miriam. -Dijo una voz detrás de mí.
-Em... Hola. -Sonreí falsamente mirando a Harry.
-Se te ve contenta, ¿quién se despierta así un lunes? -me preguntó.
-Oh, vamos, Harry. No estoy contenta. Estoy haciendo un gran esfuerzo para mantener esta sonrisa idiota.
-Vale, no me mates. -Bromeó entrando en la cocina.
Sonreí. En el fondo era majo. Pero no quería tener a un chico de mi edad compartiendo habitación conmigo. No me gusta der la típica anfitriona adorable y generosa. Y menos con un chico de dieciseis. Seguí andando y entré en la cocina, donde estaba la madre de Harry junto a él. Mi madre fue a llevar a mi hermano al colegio y mi padre y el de Harry, trabajaban.
-Hola, cielo. -Dijo Anne.
-Hola. -sonreí.
-Tienes el desayuno en la mesa; son tortitas.
-¿Las hiciste tú? -pregunté sentándome.
-Sí, pero desayunad rápido o no llegaréis al instituto.
Al terminar fregué el vaso y el plato y salí por la puerta. Cogí la mochila y fui hacia la entrada. Justamente estaba el autobús en frente. Harry y yo salimos por la puerta, ambos en silencio. Subimos y nos sentamos detrás de mis amigas.
-¡Hola! Soy Natalia, encantada.
-¡Ey! Yo soy Monica.
-Hola chicas, soy Harry.
-Me encantan tus rizos. -dijo Natalia jugando con su larga melena rubia.
-Gracias. -Dijo él.
No. ¿Le hizo un cumplido nada más conocerle?
-Nada. Mira Miriam, tienes mucha suerte de compartir habitación con un chico como él. -dijo volviéndose hacia mí.
-Sí, pero seguramente Natalia acabará ligándoselo. ¿No crees? -dijo Mónica.
-Seguramente. -contesté. -Natalia tiene al chico que quiere siempre.
-Es que es muy mono... -dijo ella.
-A ti todos te parecen monos.
Continuamos hablando de nuestras cosas. Harry iba callado. Me miraba de una manera rara, como si esperara a que yo le uniese a la conversación o algo así. No se por qué, pero no pude resistirme a mirarle.
-Harry, -dije -Nosotras nos encargaremos de enseñarte el instituto.
-Vale, genial, preciosas.
-Oh, que mono eres. -Dijo Natalia.
-Dios... -bufé.
-¿Qué? -dijo ella.
-Nada. -sonreí.
Los cuatro seguimos hablando hasta que el autobús se detuvo en el instituto. Harry me resultaba cada vez más majo. Al final, no me importaba tanto compartir habitación con él. Digamos que me resultó majo.
Entramos en el instituto y nos colocamos cada uno en nuestro sitio, salvo Harry, que hablaba con la profesora. Después de unos minutos se presentó ante la clase. ¡Mierda! A mi lado habia un sitio libre. Y como no, acabó sentándose a mi lado. Tenía que soportarle también en clase... ¡Wi! y nos sentamos en los asientos de detrás de mis amigas.
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