-¡Ala! ¡Yo me quiero montar ahí! -dijo Harry.
-Ay dios... -Sonreí.
Pagamos las entradas y entramos al parque. Un señor con una cámara se nos acercó.
-Haber, parejita. Una foto. -Harry y yo nos juntamos. El hombre nos hizo la foto. -Muchas gracias.
Andamos un rato buscando una atracción que nos gustase a los dos. Íbamos a montar en unos troncos que caían hacia el agua. En la primera caída nos mojamos poco. Luego subimos hasta la segunda, el doble de grande. Al caer nos empapamos. Montamos en bastantes atracciones más, como la noria, montañas rusas... Eran las dos y media y decidimos ir a comer.
-Me lo estoy pasando genial, Harry.
-Y yo fea.
-¿Sabes cuando te irás de mi casa?
-No. Pero supongo que pronto.
-No quiero que te vayas...
-Yo no quiero irme.
-No te vayas. Yo te dejo mi habitación, mi cama, pero no te vayas.
-Me tendré que ir. Tampoco viviremos tan lejos. Podrás venir las tardes que quieras.
-Bueno... Vale.
Terminamos de comer y nos montamos en un montón de atracciones más. Eran las siete y media de la tarde cuando nos dimos cuenta. Teníamos que volver a casa a las nueve en punto. Montamos en la casa del terror, en la que yo me cagaba viva e iba agarrada de la camiseta de Harry. El se reía. Luego andando, un señor nos obligó a entrar en el tunel del amor.
-Venga, pareja.
-Pero... No somos... -dije.
El hombre nos empujó hacia la barca. Todo era tan cursi e incómodo... Cruzabamos miradas nerviosas. Después montamos en una montaña rusa enorme.
Harry me cogió de la mano en una de las rápidas curvas y no me la soltó hasta haber bajado. A las nueve volvimos a casa.
-¿Dónde estábais? -preguntó Anne.
-Fuimos a clase, luego comimos por ahí y estuvimos andando.
-Con lo baga que es mi hija, dudo que andase. -dijo mi madre.
-Conmigo sí andaba.
-Eso es que te quiere mucho. -Dijo mi hermano.
-Eh... Bueno. Me voy a mi cuarto.
Subí a mi cuarto. Fui hacia la mesilla y miré mi teléfono. Tres mensajes:
-Hola, soy Niall. Llámame.
-Tenemos que terminar un trabajo ¿Te acuerdas? Vente a mi casa, guapa.
-Joder, Miriam. Hoy faltaste al instituto. Mañana hablamos.
Dios. Niall no me dejaba en paz. No entendía que yo ya no quería estar con él. Todo era raro a su lado. Pero el no pararía. Decidí bajar a cenar e irme pronto a dormir. Parece que Harry hizo lo mismo. Harry se tumbó en su cama. Yo en vez de tumbarme en la mía, fui hacia la suya.
-¿Que haces?
-Quiero estar contigo, Harry.
-Te voy a echar de menos. -Me abrazó.
-Y yo a ti. Aunque te vayas, seguirás hablándome en clase, ¿verdad?
-Eso ni lo preguntes. Ahora duérmete.
-Ha estado bien hacer pellas contigo.
-Es que soy genial. -Dijo giñándome un ojo.
-Claro que sí. -Cerré los ojos.
A la mañana siguiente me desperté media hora antes. Era viernes. ¡Por fin! Me duché, me vestí y me peiné. Bajé a la cocina y con ayuda de Anne hice unas tortitas. Al terminar, bajó Harry.
-Hola, no te encontraba arriba.
-Bajé hace rato. Hice tortitas.
-Seguro que estan horribles.
-¡Ay, que majo eres, madre!
-Sí. Quiero probar esas tortitas, eh.
-Toma. -Le puse un plato.- ¿Que tal?
-Estan bien. Se te han quemado un poco, la verdad.
-¡Oh, cállate! -le revolví los rizos.
Desayunamos y nos fuimos al instituto.
-Si Niall te hace algo hoy...
-No. Estaré con mis amigas. No hará nada.
-Puto acosador...
No hay comentarios:
Publicar un comentario